La educación en prisión reduce la reincidencia hasta en un 43%. Antes de Edovo, solo el 18% de las personas privadas de libertad tenía acceso a ella. En doce años Edovo llegó a la mitad de las cárceles de EE. UU. y a casi un millón de personas.
El otro millón era más difícil de alcanzar. Sus estados no habían aprobado la app, o sus centros no tenían tablets, internet ni personal. Las cárceles federales estaban casi totalmente fuera.
El dinero solo no podía resolverlo. Hacía falta una demanda pública visible, lo bastante fuerte como para que la notaran quienes toman esas decisiones.